Resulta sorprendente que muchas personas afirmen que el calentamiento global es una fábula, o que en el peor de los casos, sus consecuencias sobre la biodiversidad serán mínimos. Entre aquellos se encuentran, ex jefes de estado y personas que por los importantes cargos que ocupan, deberían haberse hecho asesorar por meteorólogos calificados antes de efectuar afirmaciones carentes del más mínimo rigor científico.
Los anticiclones son centros de alta presión atmosférica, razón por la cual emiten importantes volúmenes de aire a regiones donde los 1.013,2 hectopascales descienden de manera significativa. La información proporcionada por los satélites meteorológicos, permite efectuar un seguimiento detallado de la localización de los centros anticiclónicos, demostrando que en los últimos años en el hemisferio meridional se han desplazado hacia el sur (hacia el norte en el septentrional) produciendo como efecto secundario un aumento sostenido de la temperatura media. Esto redunda en una disminución del volumen de los glaciares y del espesor de los casquetes polares, que de continuar como hasta ahora, muchas zonas ribereñas serán anegadas y los mapas deberán ser modificados para eliminar unas cuantas islas que no existirán más, y ni hablar de los nefastos efectos que se producirán en la población ictícola, por la extinción de numerosas especies.
Lo positivo es que la situación no es irreversible, siempre y cuando se adopten las medidas adecuadas para contrarrestar el efecto invernadero, lo único es que se requerirán importantes inversiones por parte de las industrias altamente contaminantes; el esfuerzo bien vale la pena. Dañar el medio ambiente es dejar un legado caótico a las generaciones venideras.
Foto: Blue Whale worldwildlife.org












