El fútbol está manejado por mafias
Junio 10, 2009 de Charly W. Karl
El conocido director técnico César Luis Menotti dijo tiempo atrás que en Argentina el fútbol está manejado por mafias. Al tratarse de una persona con una larga trayectoria en ese deporte, es de suponer que sabe muy bien de lo que está hablando, puesto que lo reitera cada tanto.
Los simpatizantes son en realidad los únicos idealistas en el ambiente futbolístico, porque a pesar de los constantes sinsabores por las paupérrimas campañas de la mayoría de los equipos, en este último año particularmente los grandes, demuestran una fidelidad que no se presenta en otros ámbitos, ni hablar de la política donde pasarse de un bando a otro es una práctica generalizada.
Al menos en nuestro país los hinchas para seguir a sus respectivos equipos dan todo de sí, desde su tiempo, hasta soportar estoicamente las absurdamente difíciles condiciones para llegar a un estadio, poniendo en más de un caso, la propia vida en peligro al tener que sortear a individuos drogados y o alcoholizados que suelen darle protección a los automovilistas, a cambio una suma de dinero para que estacionen sus respectivos vehículos y, al volver no lo encuentren dañado, sin sus respectivos neumáticos o, algún otro importante componente.
Por el lado de los clubes, abundan los dirigentes que endeudan a sus instituciones de manera sorprendente e incorporan jugadores y entrenadores con onerosos contratos de difícil cumplimiento, a los cuales, llegado el caso deberán resarcir.
Los llamados barras bravas son individuos que tienen una injerencia inaudita en los asuntos institucionales de muchas de las entidades enroladas en la AFA (Asociación del Fútbol Argentino), sin que se sepa el rol que desempeñan, aunque para muchos son delincuentes profesionales vinculados al poder político y al narcotrafico; al carecer de las respectivas pruebas esta versión no puedo suscribirla.
Por último, cualquiera que conozca un mínimo el reglamento notará que los árbitros cometen demasiados “errores” y, casualmente, los beneficiarios son los equipos de mayor convocatoria; no faltan quienes aducen ser perjudicados sistemáticamente por la máxima autoridad en un campo de juego con el objeto de digitar los campeonatos. Personalmente quiero suponer que quien sale campeón es por mérito propio.
Esta oprobiosa realidad conspira contra la esencia misma del deporte.
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