
No tenemos la culpa de lo sucedido en el pasado, pero afortunadamente, siendo flexibles podremos alcanzar una solución satisfactoria para ambas partes y, si debemos renunciar a la soberanía, a cambio de un efectivo acuerdo de paz y la participación en las ganancias obtenidas por la pesca y explotación de hidrocarburos, alguien deberá tomar esa difícil decisión que a la larga será infinitamente más ventajosa que mantener un estado de beligerancia perpetuo.
La situación actual atenta a mediano y largo plazo contra los derechos argentinos sobre la Antártida; no se puede tener un potencial foco de conflicto en el este, lo que provocaría una solidaridad desde el oeste, a raíz de que el poder real en Chile lo tienen los militares, que utilizan como fuente de financiamiento lo obtenido por las exportaciones de cobre, yacimientos administrados como si les pertenecieran por derecho natural a los hombres de armas.
En defensa de los intereses de nuestro país es fundamental tener a los isleños como amigos, lo cual será de capital importancia a la hora de negociar un nuevo tratado Antártico.




















