Un mundo violento

Este de África y península arábiga. Foto: freeimages.com

A gran parte de las fuerzas norteamericanas estacionadas en Irak se les ha dado la orden de retornar a sus bases originarias, tras años de infructuosa lucha donde el número de bajas sufridas asciende a 4500 efectivos mientras que el de árabes caídos, desde el inicio de la contienda supera el número de 100000 hombres, mujeres, niños y ancianos.


Uno de los motivos esbozados para el inicio de aquélla guerra, tan absurda como todas, fue la falacia que versaba sobre la posesión por parte del sanguinario  régimen de Saddam Hussein de armas de destrucción masiva, hecho que según los calificados e imparciales observadores de las Naciones Unidas no poseía y que posteriormente fue corroborado por la realidad.


El costo de la aventura bélica fue de 800000 millones de dólares, donde el principal beneficiado fue de uno de los países que sin lugar a dudas representa una grave amenaza para la paz del medio oriente como lo es el régimen teocrático de Irán, cuyo presidente formal amenaza con destruir, armamento nuclear mediante, al estado de Israel.


La rama o secta mayoritaria del Islam es la sunita, en cambio la shiita, cuenta con una adhesión casi total en Irán y muy importante en el sur de Irak, situación que el país persa aprovechó muy bien para consolidar su influencia en la zona del golfo logrando una cantera prácticamente inagotable de individuos dispuestos a inmolarse en nombre de alá y un número difícil de determinar de agentes camuflados de clérigos que suelen pronunciar encendidos discursos en las mezquitas, poniendo en un pie de igualdad a occidente con satanás y extendiendo el campo de operaciones hasta el continente europeo favorecidos por la importante llegada de musulmanes, que huyen de sus países, por la miseria generada tras la implementación de políticas medievales basadas en la sharia (ley islámica) y la interpretación sesgada del Corán.


Otro problema lo representa Afganistán, donde las fuerzas de la otan, en este caso actuando con el apoyo de las Naciones Unidas y por lo tanto ceñidas al derecho internacional, han dejado solo a Estados Unidos por el alto costo humano y económico que les representa en lo que hasta el momento es una nueva guerra perdida, con el peligro de que el vecino Pakistán caiga en manos de fundamentalistas y se apoderen del poderoso armamento nuclear desarrollado por el ancestral diferendo que mantiene con la India en cachemira, de mayoría musulmana y, que provocó cuatro guerras en esa región del continente asiático.

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